Entradas

Ideas para viajar a la Luna

Me encantó el lanzamiento del Artemis II a la luna. Lo ví a través del canal del ingeniero Javi Santaolalla, quien decía que no llegamos a este momento de pura casualidad… Hace siglos que la gente se rompe la cabeza con la misma pregunta: ¿somos dueños de nuestras decisiones, o hay algo como Dios, el universo, la física cuántica, o no se quién que ya tiene todo escrito? Los griegos tenían a las Moiras que, cuando nacía un bebé, venían a verlo y se ponían a hilarle su destino. El Islam habla del Qadr, la voluntad divina que todo lo abarca. El Hinduismo te dice que lo que vivís hoy es consecuencia de lo que hiciste antes. La idea de fondo es siempre que hay un orden que te excede y que pretender cambiarlo es al cuete como el Artemis. Después llegaron los filósofos a complicar todo. Sartre decía que estamos "condenados a ser libres", que no hay guión previo y que cada elección te va construyendo. La neurociencia descubrió que el cerebro toma decisiones una fracción de segundo an...

Ideas para dejar de romantizar (y por qué aún no puedo)

Dice Federico Nietzsche: "Quien tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo."  Hay ideas que no te sueltan, se te quedan dando vueltas. ¿No se supone que la vida es más linda cuando por fin le encontrás el sentido? ¿No debería ser más liviana cuando dejás de mirar el piso y empezás a mirar para adelante?  Quien tiene un porqué vivir…  A ver, siendo honesto: hay días en que no entiendo para qué peleo tanto. Días en que todo lo que invento termina cediendo. Y entonces romantizo todo, porque el dolor es tanto que necesito sacarle algo, aunque sea una especie de sentido. Aunque la aguja de lo "feliz" nunca llegue al máximo. Romantizo mis luchas todo el tiempo.  Actúo optimismo como si fuera una habilidad, porque lo necesito. Y no digo que esté mal. Si soy sincero, a mí me sirvió más que cualquier terapia. Aprendí un montón, un montón, intentando ver a través de todo eso. Me ordené, me escuché, me conecté conmigo… y sobre todo, peleé un montón. Pero a ...

Aceptar las grietas es elegir

En los últimos 12 meses conocí (y sigo conociendo) a mucha gente interesante. Y algo que vengo sintiendo es esto: la vida se ve más linda cuando te rodeás de personas que valen la pena. No digo perfectas, sino auténticas. Con cosas buenas… y con otras que no tanto. Porque todos tenemos defectos. Vos, yo, cualquiera. La diferencia está en quién los reconoce, quién intenta mejorar y quién, por lo menos, no los niega. Con el tiempo, empezás a entender al otro. Cómo es, cómo reacciona, qué le pasa. Y llega un punto en el que ya no te sorprende tanto. “Sí, ya sé cómo va a reaccionar… ya lo conozco.” Y eso que antes te molestaba, de a poco deja de pesar tanto. A mí me pasó mil veces. Al principio, incluso con personas que hoy quiero mucho, hubo cosas que me incomodaban. Comentarios, actitudes… cosas que me pegaban más de lo que me gustaría admitir. Pero con el tiempo y con ganas de entendernos, el vínculo fue creciendo. Supongo que también tiene que ver con cómo veo las cosas: en lo profesio...

Ideas para dibujar mejor

Casi lo único que puedo dibujar es el cielo. Mas bien, las nubes. Eso y laberintos, no sé dibujar otra cosa que cielos y laberintos. Ironía del destino es sentir que el dibujo es el arte que más me gusta de todos y, por lejos, el que peor pude ejercer en toda mi vida.  Muchos piensan que “o tenés talento para dibujar o no lo tenés”, como si fuera algo que viene de fábrica. Y uno, casi sin darse cuenta, termina comprando esa etiqueta. Así que, si bien siempre conviví con ese estigma de no poder hacer dos rayas paralelas, al mismo tiempo me quedó esa sensación rara, medio persistente, de que me encantaría poder hacerlo bien. Con los años pienso que tal vez el problema no es tener o no tener talento, sino creer que hay una frontera clara entre una cosa y la otra. Dibujar, como casi todo lo que vale la pena aprender, es un proceso. Más parecido a un camino que a un don. Un camino con avances, retrocesos, caídas en pozos y pequeñas victorias. En el fondo, dibujar debería ser algo recont...

Aromáticas

Con los días grises y tormentosos alejándose en la distancia, el sol vuelve a aparecer. Aún algo tímido y falto de vigor, no impone su presencia, pero, audaz, se deja ver. Sedienta de energía, la naturaleza pinta de verde todas mis empalizadas, y la tibieza de la tierra, todavía húmeda, me convida a respirar. Con dos votos de confianza, planté seis ramas aromáticas; aunque sus flores aún no se abren percibo mi casa distinta, más liviana, como si suspirara por un espíritu alentador que flota en el aire. Ya sea en la naturaleza o en mi imaginación, algo quiere renacer.

El viento de esta mañana

Abrí los ojos en plena madrugada. En realidad, me había pasado la noche entera escuchando podcasts sobre el sentido y el sinsentido de la vida. Intenté dormirme un rato, pero no hubo caso. Me desperecé y sin hacer ruido salí al patio. Me gusta cuando la oscuridad desdibuja todo y las formas se mezclan. Puse la pava para quedarme con las manos tibias alrededor del mate y los labios húmedos de sorbos largos. Elegí la compañía de Dostoievski y sus Noches Blancas. Volví a perderme en sus páginas… Por un instante, en lo que quedaba de la noche, creí ser otro, juntando pensamientos como si fueran papeles sueltos, guardando en el bolsillo gastado de la memoria los que valían la pena. Como casi siempre después de leer, necesité cerrar los ojos un ratito. Me saqué los anteojos, me paré de la reposera y me senté al borde de la pileta. Metí los pies y dejé que el agua con cloro haga lo suyo. Mientras el agua me enfriaba la piel, me di cuenta de que hacía tiempo que no acompañaba un amanecer. Me a...

Ideas para reducir la fragilidad

Se sabe que soy recontra fanático de la autoayuda, el desarrollo personal, y todo lo relacionado con las frases motivacionales y reflexiones “inspiradoras” como por ejemplo “podés ser quien quieras”, “seguí tu pasión”, “si amás lo que hacés nunca tendrás que trabajar”... etcétera, etcétera. La positividad suma un montón, pero cuando esa mirada tapa la otra mitad del plano (la parte incómoda) aparece la hostilidad. La vida es desordenada, imprevisible, y muchas veces se parece más a una obra en ejecución que a un showroom impecable. Pasan cosas difíciles, a veces sin ningún control, y no hay afirmación positiva que las evite. No se puede prever todo ni vivir obsesionado con el control. La incertidumbre no es un error del sistema, es parte del diseño. Pero si mirás tu vida con honestidad, como quien revisa una propiedad antes de comprar, siempre hay puntos frágiles: salud, finanzas, hábitos, respaldo. Lo que hoy parece estable puede crujir con un pequeño movimiento. Mientras todo es fies...

¿Te animarías a ir a trabajar sin tener trabajo?

Me entero por la BBC que en China está pasando algo bastante loco. Muchos jóvenes se levantan temprano, se visten como para ir a la oficina, salen de sus casas, pasan todo el día “laburando” y vuelven recién a la noche. Hasta ahí, todo normal. La diferencia es que no cobran sueldo, no tienen jefe y, de hecho, no tienen trabajo. En varias de las ciudades más grandes del país empezaron a aparecer empresas que ofrecen un servicio particular: un lugar para **simular que trabajás**. Por un pago de entre 4 y 7 dólares te dan un escritorio, Wi-Fi, café, almuerzo y un clima que replica el de cualquier oficina. En la práctica, se parecen mucho a los cowork o a lugares donde se juntan freelancers. Pero el objetivo no es producir, sino **sostener la ilusión de estar empleado**. En Dongguan, por ejemplo, hay una empresa llamada *Pretend To Work Company*. El nombre no deja lugar a dudas y e l dueño lo explica sin vueltas: “No vendo un puesto de trabajo, vendo la dignidad de no sentirse una persona ...

No todo lo que parece importante realmente lo es

En las dos últimas semanas me pasó algo muy típico de mi trabajo. Tenía que hacer seguimiento a un cliente por una propiedad que, objetivamente, estaba bien posicionada: buen precio, buen cliente, buen contexto. No era urgente, así que lo fui pateando. Paralelamente tenía reuniones agendadas para dentro de varios días que ya me ocupaban la cabeza. Nada había cambiado en las operaciones. Lo único distinto era cuántas veces algo aparecía frente a mí. Ahí me cayó la ficha: no todo lo que sentimos importante realmente lo es. Muchas veces la importancia no nace del impacto real, sino de los recordatorios. La psicología lo llama priming : lo que vemos seguido, nuestro cerebro lo infla. Los magos usan esto todo el tiempo. Repiten palabras, gestos o miradas antes del truco para llevar tu atención a donde ellos quieren. Cuando llega el momento clave, tu mente está preparada para mirar ahí… y se pierde lo que realmente importa, que suele estar pasando en otro lado. Esto pasa con facturas a pagar...

La primera impresión NO es la que cuenta

Detesto las fiestas y los eventos sociales, ya lo dije cientos de veces, pero en la última fiesta corporativa me pasó algo que seguramente también te pasó alguna vez. Con algunas personas todo fluía; charla rápida, joda compartida, esa sensación de “con este me entiendo”. Y con otras no. Todo correcto, pero sin magia. Nada para contar en el momento. Lo interesante vino después, cuando pensé con quiénes realmente confiaría un proyecto, una decisión sensible o una conversación difícil. Y no, no eran los de la mejor primera impresión. Ahí me cayó una ficha bastante incómoda, porque muchas veces elegimos desde la química y después nos preguntamos por qué no funciona. La química es engañosa. No porque sea mala, sino porque es ruidosa. Llega fuerte, rápido, te da certezas que todavía no ganaste. Te hace sentir que “algo hay”, cuando en realidad lo único que hay es activación. Algo en el otro toca una fibra conocida y el cuerpo responde antes de que la cabeza tenga datos. Y ojo, no está mal ...

No todo el mundo importa

La posta es que no a todos les caigo bien, pero ¿sabés qué? está perfecto, porque no todos importan. Yo no me levanto a la mañana para agradar, me levanto para construir, para laburar, para convertirme en el hombre que me prometí ser en esos días donde lo único que había era presión, dudas y sueños silenciosos que gritaban más fuerte que cualquiera alrededor. Este camino que estoy recorriendo no es para cualquiera, y no llevo a cualquiera conmigo. Me fui de charlas que me drenaban, salí de lugares donde tenía que achicarme para que otros se sintieran cómodos y solté gente que no tenía mi misma visión, porque subir cargando peso muerto es la forma más rápida de caerte. Si no ves las horas que meto, las batallas que peleo puertas adentro, y los sacrificios que hago cuando nadie mira, entonces tu opinión no pesa en mi mundo. A la gente le encanta hablar: van a cuestionar tu silencio, tu ausencia, tu disciplina y van a etiquetarte de agrandado, frío o distante, sin entender que no soy inse...

Cómo sobrevivir a una caída

  “Ícaro rió mientras caía, porque sabía que caer significaba haber volado.” Recuerdo quedarme mirando a la nada después de leer la historia de Ícaro. Me desarma pensar que no haya rastro de miedo en él mientras se precipita hacia el mar furioso. ¿Cómo puede alguien, frente a frente con la muerte, abrazarla como si estuviera entrando a un lugar prometido? ¿Habrá sido su risa la última melodía, perdiéndose en el cielo antes del final? Tal vez no temía al vacío porque ya había probado lo desconocido. Porque por un instante tocó el cielo, y nada por debajo de eso podía compararse. ¿No es trágicamente hermoso pensar que no cayó en desgracia, sino que simplemente cayó, después de sentir la libertad y el calor que siempre había buscado? Y al pensarlo así, al repasar mi vida y cada decisión tomada, aparece un deseo silencioso, casi desesperado: que quizá, algún día, yo también pueda ser él. Que, como Ícaro, pueda elevarme más allá de los muros que yo mismo levanté. Vivir sin miedo, aun co...

Necesito un problema

Revisando correos viejos encontré un post que escribí en 2009 en un blog parecido a éste. En ese momento me había quedado dando vueltas una idea muy simple: ¿Qué haríamos si tuviéramos todo resuelto? ¿En qué ocuparíamos el tiempo si los problemas desaparecieran por un rato? Buscando ejemplos extraños sobre eso descubrí un sitio que ofrecía la respuesta perfecta: un servicio donde la gente pagaba para que le asignaran un problema. Se llamaba “Necesito un problema” (Need a Problem) y por lo visto había un mercado entero de personas contentas, con tiempo libre y, al parecer, con pocas complicaciones existenciales… que querían una más. El mecanismo era simple: elegías la dificultad —trivial, sencillo, normal, difícil o casi imposible— y pagabas según el nivel. A cambio recibías un email con un problema diseñado especialmente para vos. ¿La recompensa por resolverlo? Nada más y nada menos que la satisfacción de haberlo logrado. No había premios, no había rankings de millonarios… solo un cuad...

Ideas para abrir la puerta correcta

Últimamente vengo hablando con mucha gente nueva: reuniones, proyectos, mesas largas donde aparecen historias y formas de ser que no conocía. Y en medio de todo eso, sin buscarlo, me volvió a la cabeza un cuento que leí hace años: La dama o el tigre. No recuerdo cuándo lo leí ni por qué, pero sí recuerdo lo que pensé. Un joven de la corte se enamora de la hija del rey. ¿Ella siente lo mismo? No está claro. El rey, medio bárbaro, lo mete en una arena con dos puertas: detrás de una hay una mujer con la que deberá casarse; detrás de la otra, un tigre hambriento. El joven mira a la princesa, ella le señala una puerta. Y vos quedás preguntándote quién va a aparecer. El cuento te obliga a pensar en la princesa: capaz de ser cruel, como su padre, pero también buena y sensible. De chico, yo estaba convencido de que salía el tigre. Sentía que esa respuesta mostraba que yo “entendía” cómo eran las personas, como si la naturaleza humana fuese inevitablemente dura. En la secundaria nos preguntaron...

La suma de los demás

  Muchos de mis gestos no nacieron conmigo, se me fueron pegando sin darme cuenta. No registramos cuánto de lo que somos está hecho de otros. La forma en que sostengo el mate, por ejemplo, viene de un jefe que tuve hace años, cuyo ritual observaba cada mañana con una atención casi devota. Y esa costumbre de subrayar palabras sueltas y no frases completas nació de mi profe de guion cinematográfico a quien admiré por su velocidad para analizar los textos.  Incluso esta risa más libre que tengo ahora viene probablemente del día en que un maestro de la escuelita me mostró que reír fuerte no era exagerado. Y cuando uno se anima, suele liberar a los demás también. No somos del todo nuestros. Somos una mezcla rara de quienes nos amaron, nos hirieron o simplemente caminaron cerca por un tramo.  Siempre me acuerdo de una profesora que insistía en que yo podía más. A veces me dan ganas de volver a la facu para contarle que no pude más, pero que igualmente tuve una vida feliz. Tambi...

Ideas para conectar con propósito

Si todavía no lo advertiste, todo este último tiempo estuve tratando de generar vínculos más profundos y ampliar mi círculo social. Y te digo la verdad… no es nada fácil. No recuerdo haber participado en tantas reuniones desde hace mucho. En pocos días me encontré en charlas sobre desarrollo, rondas de networking con gente del sector inmobiliario y un meeting sobre financiamiento para proyectos. Lo disfruté, aunque por momentos no sabía si realmente estaba conectando con alguien o simplemente cumpliendo con el ritual de intercambiar tarjetas. Tal vez eso también sea conectar, todavía lo estoy procesando. De a poco me voy llevando mejor con mi ansiedad social y me siento más cómodo con la charla casual. Cuesta creer que me cueste tanto, considerando que hablo con gente todo el tiempo por trabajo. Pero la ansiedad social es brava, y hay algo en el hecho de interactuar desde una pantalla que lo hace todo más fácil. Igual quiero más que eso. Quiero animarme a ser más completo, a no dejar q...

Lo que nadie puede darte

Cuando dejás que otros definan tu valor, les das el poder de quitártelo. Un elogio te hace sentir visto, una crítica te desarma, un logro te llena de orgullo y un tropiezo te hace dudar de todo. Vivís reaccionando, no desde una confianza real en vos mismo. Empezás a moldear tu vida según cómo creés que te perciben, en lugar de cómo realmente se siente vivirla. Buscamos validación en desconocidos, en números, en títulos, en “me gusta”, esperando que confirmen lo que nos cuesta creer: que valemos, que somos capaces, que alcanzamos. Y por un rato, cuando llega el reconocimiento, parece que sí… pero nunca dura. Todo lo que se apoya en la aprobación externa necesita mantenimiento constante. Te la pasás buscando más, persiguiendo el próximo “sí” y temiendo el próximo “no”. Cuando tu autoestima depende de lo que piensen los demás, quedás a merced de sus opiniones. Te transformás en lo que ellos necesitan que seas y te alejás de quien sos. En el intento de gustarle a todos, terminás perdiéndot...