Anoche soñé con otra mujer.
En el sueño había un lugar que abarcaba varios lugares en sí mismo: un patio de verano, una tira de departamentos, un lugar donde trabajar, un sillón chesterfield, una cocinita y un local comercial. Todo quedaba cerca, como si ese espacio diminuto pudiera contener una vida entera. Podías ir al cine, doblar en una esquina, encontrarte rodeado de desconocidos y, aun así, sentir que solo era un patio. Fue en ese patio donde empezó algo verdadero entre nosotros. Hacía mucho tiempo que la deseaba. En el sueño, ya conocía a esa mujer, aunque prefiero no explicar cómo ni de dónde salió. Incluso recordaba las historias que había escrito sobre ella. Eran muchísimas. Y ahora la tenía delante de mí, sin que hiciera falta seguir imaginándola. Su familia era complicada: la madre, el padre, la buela, los hermanos. Gente con la que era difícil tratar. Ella tenía un hijo enfermo. Yo sabía todo eso, pero no estaba tratando de calcular de antemano qué lugar ocuparían esas cosas en mi vida. Le pertenecía...