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El valor real de las cosas

  ¿Cuál es la manera de darle sentido a las cosas? ¿Alguna vez te diste cuenta de lo angustiante que es cuando intentás hacer algo a lo que no le ves sentido? Y lo peor de todo es que te queda un sabor amargo en la boca, como si, encima, supieras que algo anda mal o puede salir mal. ¿Pero a qué sentido me refiero? porque claramente puede haber varias formas de sentido… Lo más común es poner un precio a todo lo que hacemos y entonces preguntarnos: ¿para qué voy a hacer esto? y ¿qué estaré obteniendo a cambio? Y he aquí el sentimiento más cruel: cuando no valoramos lo que hacemos porque la mayoría de las veces no implica un valor monetario.  Hace un par de semanas leí un post de un blog amateur con pocas visitas (acaso como el que estás leyendo) que decía algo así como “creo que este es el final del blog”. No fueron exactamente esas palabras, pero el significado es el mismo. Era un breve post de despedida. Al comentar aquel post me di cuenta de que su autor había perdido el significado d

¿Ventanilla o pasillo?

  Esta mañana vino a mi mente el día que embarcamos al avión (¿no debiera decirse “enavionamos”?) que hace algunos años nos llevó a conocer Europa. Recuerdo que a los pocos minutos de haberme sentado al lado de la ventanilla ya podría haber dado por concluido todo el viaje. Era tanta la emoción y las ganas de viajar que, te juro, va pasar la película completa de todo lo que estaba por venir, incluso antes de que el avión comience a carretear. Es hermoso presenciar esos flashes mentales que te animan a vivir de la manera en que estás deseando vivir. Esta situación me proyecta al vuelo. Ese vuelo que nos transforma, que nos muestra nuevas perspectivas sobre la vida, que nos presenta nuevas personas y nuevos caminos. Podemos volar sin salir del lugar. Podemos volar sin movernos físicamente, de manera literal. Te lo explico. Hay personas que cambian de ciudad, de trabajo, de pareja, pero no vuelan. Siguen mirando hacia los mismos rincones, atrapados en las mismas ideas, sin estar abiertos

Ideas para desintoxicarse

  Está bastante de moda decir que fulano de tal es “tóxico” o que es preferible mantenerse alejado de las “situaciones tóxicas”. Yo mismo lo he dicho algunas veces. Es como si lo malo estuviera siempre afuera, en lo externo, en otras personas ¿Y nosotros? Somos como ramitas doradas sin toxina alguna, que predican la paz mundial y vibran en la frecuencia acrisolada de las ondas estelares. Pero no es así. También hay toxicidad en nosotros. En algunos, más trabajada a través de terapia, autoconocimiento, lectura o charlas de bar. En otros, más intensa, sin velos ni máscaras para disfrazarla. Me di cuenta de algunos de mis comportamientos y pensamientos tóxicos en esta semana de Pascuas. No sé si es culpa de alguna alineación planetaria o algo así, para aquellos que creen en los astros, pero me sentí como en off-side. Me vi alimentando pensamientos saboteadores, egoístas, críticos. Me vi repitiendo patrones que no quiero repetir, que probablemente me hagan daño a mí y a las personas que am

Paquetes

  Cuanto más nos involucramos en una relación, más paquetes de la otra persona aparecen en nuestras vidas. Y nuestros paquetes aparecen en la vida de la otra persona. Algunos paquetes son livianos y fáciles de manejar, mientras que otros son mucho más complejos y requieren ponerle paciencia, empatía y hasta algo de ceño fruncido. Los paquetes pueden ser parientes perdidos, algún “ex” que no se termina de ir, hijos que requieren atención y ajustes de rutina, madres o padres controladores, etc. Por no hablar de los paquetes psicológicos que cada persona trae consigo. Relacionarse no consiste en sólo mirar a una persona en el momento presente y borrar todo lo demás. Cada uno trae otras personas e historias en su equipaje. Conozco casos de mujeres y hombres que se alejaron de sus hijos porque su nueva pareja no los aceptaba. Qué triste y extraño es eso, siendo que el niño (o el adulto) no tiene la culpa de nada dado que ya estaba ahí con anterioridad. Por otro lado, hay madrastras y padras

El tibetano

  Por casualidad me encontré con esta frase espectacular que no tiene autor conocido, pero sospecho que debe haber sido pronunciada por algún monje tibetano o algo así: “Deja que tu mente se llene completamente de lo que está aquí, que no quede espacio para lo que no está”. Y es que, claro, porque en realidad no querés ese abrazo... No querés sexo... No querés justicia... No querés esa casa... No querés ese trabajo... No querés iluminación... Lo que sí querés es lo que creés que tener cualquiera de esas cosas te hará sentir. Lo que querés es la ausencia de la sensación de carencia. Lo que deseás es sentirte completo... satisfecho... pleno... en paz.  Y lo paradójico es que lo único que te impide sentir tu propia totalidad y plenitud es, en primer lugar, la falsa suposición de que algo te falta. La falsa idea de que la plenitud llegará después, o sea, una vez que consigas esa cosa, o una vez que te deshagas de esa cosa. La mayoría de las personas no nos damos cuenta de que nunca queremo

Piratas

  Las temáticas de piratas, corsarios y sus historias a lo largo de los siete mares siempre me cautivaron. Aquel submundo marino, los códigos éticos (que eran muchos), las estrategias navales y las pequeñas repúblicas que formaban mientras bebían tragos de ron o vinos de baja calidad vale la pena conocer. Los piratas, más que los corsarios, representaban el mal asumido, el anti-sistema, el problema a ser eliminado. Se apropiaban por la fuerza de lo que los marineros y capitanes comunes nunca podrían tener con sus escasos salarios y la ambición domesticada. ¿Ladrones? Sí. ¿Bandidos? Sin duda. ¿Indeseables? Sí, pero no en los libros de aventuras.  Pero había algo genuino en las pandillas de piratas: el gusto por la piratería.  A diferencia de casi todas las tripulaciones convencionales, no tenían esclavos entre ellos. Todos estaban allí por elección propia, elegían a su capitán mediante votación, compartían el botín a través de un sofisticado sistema de repartija (dos para mí, uno para t