¿Te animarías a ir a trabajar sin tener trabajo?

Me entero por la BBC que en China está pasando algo bastante loco. Muchos jóvenes se levantan temprano, se visten como para ir a la oficina, salen de sus casas, pasan todo el día “laburando” y vuelven recién a la noche. Hasta ahí, todo normal.

La diferencia es que no cobran sueldo, no tienen jefe y, de hecho, no tienen trabajo.


En varias de las ciudades más grandes del país empezaron a aparecer empresas que ofrecen un servicio particular: un lugar para **simular que trabajás**.


Por un pago de entre 4 y 7 dólares te dan un escritorio, Wi-Fi, café, almuerzo y un clima que replica el de cualquier oficina. En la práctica, se parecen mucho a los cowork o a lugares donde se juntan freelancers. Pero el objetivo no es producir, sino **sostener la ilusión de estar empleado**.


En Dongguan, por ejemplo, hay una empresa llamada *Pretend To Work Company*. El nombre no deja lugar a dudas y el dueño lo explica sin vueltas:


“No vendo un puesto de trabajo, vendo la dignidad de no sentirse una persona inútil”.


No es la forma más elegante de decirlo, pero toca un punto real. El trabajo no es solo ingreso; es identidad, es autoestima. Es sentir que uno sirve para algo. Le pone estructura al día y, para muchos, es el motivo por el que se levantan a la mañana.


En la película Full Monty, uno de los personajes sigue saliendo de su casa todos los días rumbo a un “trabajo” que ya no tiene, solo para no admitir ante su mujer que quedó desempleado. Parece ficción, pero conecta con algo muy humano.


Lo sé porque estuve ahí. El clásico “¿y vos a qué te dedicás?” te aseguro que te lima la cabeza.


Este es uno de los aspectos menos hablados del desempleo. Somos animales sociales. En teoría no debería importarnos cómo nos ven los demás, pero en la práctica jode bastante.


Por eso, si hoy estás buscando trabajo, cuidá especialmente tu salud mental. Armá rutinas, ocupá tu tiempo, sostené una estructura. Hacé lo que te funcione, incluso si eso implica “ir a la oficina” aunque nadie te esté esperando.


En cierto punto, no es tan distinto de lo que pasa en bienes raíces. Mucha gente no busca solo metros cuadrados: busca pertenencia, estabilidad, una sensación de progreso. Una casa, una oficina o un proyecto inmobiliario no son solo activos; son anclas simbólicas que ordenan la vida y le dan marco a una etapa.


Si alguna vez vuelvo a estar en esa situación, espero acordarme de esta frase del negro Dolina:


“Sé quien sos y decí lo que sentís, porque a quienes les molesta no importan, y quienes importan no se molestan”.

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