No todo lo que parece importante realmente lo es
En las dos últimas semanas me pasó algo muy típico de mi trabajo. Tenía que hacer seguimiento a un cliente por una propiedad que, objetivamente, estaba bien posicionada: buen precio, buen cliente, buen contexto. No era urgente, así que lo fui pateando. Paralelamente tenía reuniones agendadas para dentro de varios días que ya me ocupaban la cabeza. Nada había cambiado en las operaciones. Lo único distinto era cuántas veces algo aparecía frente a mí.
Ahí me cayó la ficha: no todo lo que sentimos importante realmente lo es. Muchas veces la importancia no nace del impacto real, sino de los recordatorios. La psicología lo llama priming: lo que vemos seguido, nuestro cerebro lo infla. Los magos usan esto todo el tiempo. Repiten palabras, gestos o miradas antes del truco para llevar tu atención a donde ellos quieren. Cuando llega el momento clave, tu mente está preparada para mirar ahí… y se pierde lo que realmente importa, que suele estar pasando en otro lado.
Esto pasa con facturas a pagar, las reuniones, etc. Al principio no molestan, pero a medida que llegan las alertas al teléfono las bolas comienzan de a poco a hincharse, aunque nada en especial haya cambiado. Vivimos rodeados de notificaciones que nos empujan a confundir lo importante con lo urgente.
En inversión esto es clave. El mercado está lleno de estímulos que piden reacción rápida: oportunidades “imperdibles”, ventanas que “se cierran”, decisiones que parecen urgentes. Pero urgencia y valor no son lo mismo. Muchas buenas oportunidades no hacen ruido, no te aparecen todos los días en el calendar y no vienen acompañadas de ansiedad.
Las inversiones más sanas suelen ser silenciosas. Requieren método, seguimiento y volver a mirarlas a propósito, incluso cuando nadie más está hablando de eso. Por eso, más que preguntarse qué es lo más urgente hoy, conviene preguntarse qué es importante por naturaleza… y asegurarse de no perderlo de vista.
A veces la diferencia entre una buena y una mala decisión no está en la información disponible, sino en dónde ponemos la atención, y con qué frecuencia.
Adieu!