La primera impresión NO es la que cuenta
Detesto las fiestas y los eventos sociales, ya lo dije cientos de veces, pero en la última fiesta corporativa me pasó algo que seguramente también te pasó alguna vez. Con algunas personas todo fluía; charla rápida, joda compartida, esa sensación de “con este me entiendo”. Y con otras no. Todo correcto, pero sin magia. Nada para contar en el momento.
Lo interesante vino después, cuando pensé con quiénes realmente confiaría un proyecto, una decisión sensible o una conversación difícil. Y no, no eran los de la mejor primera impresión.
Ahí me cayó una ficha bastante incómoda, porque muchas veces elegimos desde la química y después nos preguntamos por qué no funciona.
La química es engañosa. No porque sea mala, sino porque es ruidosa. Llega fuerte, rápido, te da certezas que todavía no ganaste. Te hace sentir que “algo hay”, cuando en realidad lo único que hay es activación. Algo en el otro toca una fibra conocida y el cuerpo responde antes de que la cabeza tenga datos.
Y ojo, no está mal sentir eso, de hecho nos pasa a todos. El problema empieza cuando confundimos esa sensación con compatibilidad. Cuando creemos que porque hubo chispa, hay futuro.
La compatibilidad no grita. No se luce en los primeros minutos. Se deja ver después, cuando baja la espuma y queda la persona real. En cómo escucha, en cómo responde cuando hay tensión. En si suma calma o más ruido; en si podés ser vos sin estar todo el tiempo “rindiendo”.
Muchas veces descartamos vínculos valiosos (personales o profesionales) porque no nos sacudieron de entrada. Porque fueron tibios, normales, tranquilos. Y solemos perseguir los intensos, los brillantes, los que prometen mucho rápido… aunque después cueste sostenerlos.
La calma suele aburrir al principio, pero la calma también ordena y con el tiempo vale oro.
Nos enseñaron a creer que lo intenso es profundo y que lo estable es mediocre. Y no. Lo estable es difícil, requiere presencia, coherencia y constancia. Cosas que no se detectan en un primer impacto.
No digo que la química no importe, al contrario, te abre puertas, genera ganas, te acerca. Pero no alcanza, es apenas el comienzo, no la prueba final.
Cuando dejás de confundir reconocimiento con destino, todo cambia. Empezás a elegir desde la conciencia y no desde la activación. Dejás de confundir intensidad con sentido, y empezás a construir relaciones que brillan y duran más.
La mayoría nunca hace ese giro, de hecho yo hace muy poco que me estoy dando cuenta de esta mirada.Los que sí, cambian por completo la dirección de su vida vincular.