Aceptar las grietas es elegir

En los últimos 12 meses conocí (y sigo conociendo) a mucha gente interesante.

Y algo que vengo sintiendo es esto: la vida se ve más linda cuando te rodeás de personas que valen la pena. No digo perfectas, sino auténticas. Con cosas buenas… y con otras que no tanto.

Porque todos tenemos defectos. Vos, yo, cualquiera. La diferencia está en quién los reconoce, quién intenta mejorar y quién, por lo menos, no los niega.

Con el tiempo, empezás a entender al otro. Cómo es, cómo reacciona, qué le pasa. Y llega un punto en el que ya no te sorprende tanto.
“Sí, ya sé cómo va a reaccionar… ya lo conozco.”
Y eso que antes te molestaba, de a poco deja de pesar tanto.

A mí me pasó mil veces.

Al principio, incluso con personas que hoy quiero mucho, hubo cosas que me incomodaban. Comentarios, actitudes… cosas que me pegaban más de lo que me gustaría admitir. Pero con el tiempo y con ganas de entendernos, el vínculo fue creciendo.

Supongo que también tiene que ver con cómo veo las cosas: en lo profesional aprendí que lo importante no es que todo cierre perfecto desde el día uno, sino entender el proceso y apostar a lo que vale la pena a largo plazo.

Hoy, cuando conecto rápido con alguien pero después aparece algo que me hace ruido... trato de tomarlo distinto. Paro un segundo y pienso:
“Bueno… esto también viene en el combo, ya te vas a acostumbrar.”

De última, no se trata de encontrar personas sin grietas, sino de elegir con cuáles vale la pena quedarse.

Y creo que recién desde ahí… 

puede
ir surgiendo
algo
genuino.

Para seguir leyendo...

Casos de éxito con Storytelling, hoy: Dove

El futuro no es nuestro

Mi opinión sobre ‘La transformación total de su dinero’ de Dave Ramsey

Cada día y un poco de hoy

Las garras del león