Tal para cual

 A ver a un hombre descuidado y lleno de autoaborrecimiento, un loco se detuvo una vez. Su desdicha, la manera en que caminaba en círculos alrededor de un lago, murmurando palabras inaudibles para sí mismo, molestó al loco. "Un hombre loco", pensó para sí mismo mientras se acercaba.


— ¿Qué cosa, si es que puedo preguntar, podría preocuparte tanto como para deambular  dando vueltas sin destino? Preguntó el loco al escritor.


— Respuestas a preguntas que aún no he logrado formular.


— ¿Cómo busca alguien responder a una pregunta que aún no conoce? Indagó el loco.


— Muchas veces, la respuesta a una pregunta precede a la pregunta misma. Solo estoy tratando de descubrir qué parte del enigma debería desentrañarse primero.


—Encuentro eso bastante intrigante y al mismo tiempo, absurdo. Lo último siempre sucede a lo primero, así funcionan las cosas. Dijo el loco con firmeza.


—Puede ser, pero no en mi mundo. Mirá, en mi mundo, las cosas no siempre son lo que parecen. En mi mundo, arriba puede ser abajo, los animales hablan y los objetos sonríen. En mi mundo soy Dios y todo se inclina ante mi voluntad. Respondió el escritor sonriendo entre cada oración.


—Eso ha de ser lo más delirante que he escuchado ¿y soy yo al que llaman loco?. Los humanos no tienen el poder de controlar la fuerza de la naturaleza, los animales no hablan y ya casi nadie ríe…


El escritor rompe en una suave risa ante la visible señal de irritación del loco.


—¿Por qué te reís? Pregunta el loco.


—Me río porque, así como hablaste, un pensamiento divertido se precipitó en mi mente.


—¿Te estás burlando de mí? Dijo el loco, aumentando su irritación.


—Más bien, me sorprende tu simulación. Responde el escritor.


—Si hay alguien en el mundo que debería entender mejor mi estado mental, sos vos. ¿Cómo es que conjeturas eso?, preguntó el loco.


—Al igual que yo, estás solo, condenado a vagar por la Tierra buscando aquello que nunca se perdió. Un tipo solitario cuya única fuente de compañía son las imágenes extravagantes que conjura en su mente al punto de hacerle reír incluso en público. Ves lo peor de lo mejor. Y viceversa. Un sociópata muy hábil para imaginar las partes más perversas de la mente y la naturaleza humana, y darle forma a algún personaje con todo eso.


En este momento, el loco empieza a prestar atención.


—A menudo sos malinterpretado e incluso te toman por raro debido a tus miradas vacías o perdidas en el horizonte. Tu naturaleza solitaria se malinterpreta como algún defecto psicológico congénito que permanentemente te impulsa a recluirte. 

Si tan solo miraran más de cerca y vieran el mar de lugares y personas hermosas que fluyen en tu mente... Si tan solo pudieran ver las cosas como vos las ves; en un sustrato bastante más profundo que la mayoría de las personas.


Entrando en calor en la conversación, el loco dice:


—Pero no estoy loco, ¿ves?. Son ellos los que no se sientan a escucharme. Son aquellos quienes no le dedican algún tiempo a leerte.


—Exactamente, pero nadie parece entender eso. En cambio, nos ven como reliquias que deben ser estudiadas. Yo, por la pérdida de tiempo que supone poner en palabras el caos en el cual se sumerge el mundo, y vos por animarte a vivir en el caos. Por la posibilidad de tener la llave para entender el alcance absurdo de la mente humana.


—Muchas gracias por la charla, dijo el loco, sin quitar la mirada de su reflejo sobre la superficie del agua.



Adieu!

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