Seguí participando
Esta semana que pasó la encaré fuertemente con un plan. Lo había preparado como un nuevo comienzo: mental y emocionalmente, hasta en la forma en que dejé mi escritorio impecable la noche del domingo anterior. Estaba listo. Pero poco después de acomodarme en esa sensación… llegó un mensaje de Whatsapp. Un retraso. Una postergación. Apenas unas pocas palabras, prácticas y neutrales, pero que se sintieron como si me hubieran apretado el botón de pausa justo cuando empezaba a sonar la música. Antes, algo así me hubiera cambiado todo: la energía, la motivación, el humor. Hubiera dejado que el día se me escapara entre los dedos, sólo porque la estructura que sostenía había cambiado. Pero esta vez no. Elegí seguir con propósito, seguir levantándome, respirando, entrando en las mañanas como si algo hermoso todavía estuviera desarrollándose… No había reunión ni fecha límite. Pero igual me presenté para mí. Antes pensaba que la disciplina sólo contaba cuando alguien más podía verla, pero e...