Un collar de perlas

Hace unas horas estaba leyendo un libro que dedicaba un capítulo entero a distinguir entre el pensamiento y el pensar. La forma en que el autor los separaba era notable.

En términos simples: pensar es como un collar de perlas donde la primera gema es un pensamiento. A medida que los pensamientos se acumulan, van tomando forma, y esa forma puede ser buena o mala, según el patrón que tengamos instalado. (La historia sugiere que casi siempre sale mal.)


Como jóven de cincuenta y pico puedo decir que caigo seguido en esa trampa del "pensar en loop", y casi siempre termina en algo difícil de sostener o de aguantar.

Los pensamientos sueltos suelen ser más amables con uno. Pero el pensar encadenado... ese sí te puede desarmar.


Entonces, ¿por qué no elegir la precaución antes que el remedio? Sobre todo cuando sabés que el remedio te va a costar caro… en tiempo, en energía, en vos mismo.


Una vez que reconocés que esa espiral de pensamientos te lleva a donde no querés estar, la jugada es desviar el rumbo hacia donde sí querés ir: al pensamiento más corto pero positivo. Cortito, ahí nomás, con dirección elegida.


Es difícil al principio, especialmente la primera vez que se intenta. Pero cuando lográs ser consistente en eso, en construir y sostener ese buen pensamiento, se vuelve cada vez más probable armar un lindo collar.

Adieu!

Para seguir leyendo...

Los hilos invisibles

Ideas para librarse del resentimiento

Ideas para cosechar trofeos

El rico tambaleante

Colorada bata de satén