Clo cloc, clo cloc!

 Ayer estuve observando a unas gallinas detenidamente y me di cuenta de lo extraordinarias que pueden llegar a ser. Parecen sacadas de una película de ciencia ficción.

Se desplazan lentamente dando la sensación de que están disimulando con la idea de hacer alguna travesura. Pero casi siempre, al girar para ver qué hacen, las ves escarbando en el suelo despreocupadamente.


Los pollos son bastante comunes en nuestro entorno, de hecho creo que nos comemos uno cada dos o tres días, así que por simple curiosidad investigué un poquito más sobre estos animales y descubrí un par de datos sorprendentes.


Es el descendiente vivo más cercano al dinosaurio Tyrannosaurus Rex.

¿Sabías que los pollos ven más colores que nosotros y que además, por la disposición de sus ojos, pueden mirar más allá de 300 grados sin mover la cabeza?

Y que tienen una memoria asombrosa. Según una página web yanqui que parecía bastante seria, pueden reconocer más de cien rostros diferentes de personas o animales.


Quizás desconocías estas capacidades, pero a lo que voy, es que de alguna manera esto también refleja algo entre nuestras relaciones humanas. Porque en general, conocemos tan bien a las personas (familiares, amigos, parejas) que en realidad no las conocemos del todo.

Es curioso, pero por más que los tratemos frecuentemente, a veces desconocemos las cualidades, talentos o personalidades de quienes más cerca creemos tener.


Es como si por estar demasiado familiarizados no pudiéramos ver más allá.

Cuando tratamos a alguien constantemente, puede que no reconozcamos su verdadero valor.


Recuerdo a una amiga que se quejaba de que su marido siempre atraía a otras mujeres. Lo que pasaba, en realidad, era que ella estaba olvidando lo especial que él era y por cual se enamoró; exactamente lo contrario a esas mujeres que hoy lo miran con ojos nuevos y se sienten atraídas por él.

También es como la hermana que se sorprendió al escuchar cantar a su hermano en público, o el amigo maravillado al leer los escritos de su mejor amigo.


Tal vez sea momento de cambiar nuestra perspectiva.

Permitirnos redescubrir las cualidades únicas de las personas que están cerca de nosotros. Apreciar nuevamente lo que nos atrajo hacia ellas inicialmente y acercarnos a entender que, como las gallinas, tienen un montón de maravillas ocultas y por sobre todo… 

nadie las juzga por tener alas y no saber volar.



Adieu!

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