Ideas para marcar tendencia

 En medio de las noches más oscuras, despierto. Mi corazón late aceleradamente, mi mente divaga en pensamientos contrapuestos.

Una gota de sudor recorre mi cuello y desciende por mi espalda, mientras alguna que otra se apoya suavemente en la almohada proveniente de mi sien tan preocupada.


Mi cabeza desierta de pelos se impregna con estas gotas, siendo testigo de mis sueños y pesadillas. Encuentro una relación directa entre sudor y pesadilla. Cuanto mas sudo, más dura es la pesadilla. O tal vez sea al revés.


Despierto casi al amanecer, esperando volver a dormir, pero temeroso de continuar con esa película en mi mente. Abro los ojos en busca de la luz, pero el cuarto sigue oscuro y me veo obligado a continuar pensando. 


En mi mente, las ideas fluyen desenfrenadamente, creando escenarios de toda índole. No puedo concentrarme en un solo pensamiento, así que los reúno en un shopping mental. Es una tienda de pensamientos y fantasías donde puedo vestirme según mi estado emocional.


En esta tienda encuentro ropa de alta calidad: un traje impecable compuesto por una chaqueta de arrogancia y un chaleco de temor. Pantalones de estabilidad para complementar esta apariencia de normalidad.


No comprendo el propósito de estos pensamientos pero los colecciono. Los manipulo a mi antojo y confecciono, cada día, algún nuevo futuro con ellos. Quisiera venderlos pero acabo regalándolos.


Los clientes llegan buscando diferentes prendas. Ayer, un muchacho llamado Ira me inspiró a diseñar un conjunto de musculosa y bóxer hechos del mejor material de resentimiento.


De acuerdo a la situación que mi mente invente, elijo vestir uno de mis diseños. A veces uso mi capa de perseverancia, tan brillante como si fuera obra de deidades. En otras ocasiones, opto por un conjunto oscuro de hedonismo, siempre llevando conmigo un fuerte chaleco de contención.

Mi colección de camisas de miedos de todos los colores es digna de conocer.


Estoy en este negocio desde hace mucho tiempo, aunque no puedo precisar cuándo comenzó. Tal vez durante en mi adolescencia, cuando todo era más tranquilo y solo usaba la ropa para abrigarme por afuera.


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