El salto

 Andan diciendo que deseas liberarte. Liberarte del dolor y la angustia de perder. Liberarte del sufrimiento de existir.

¿Alguien te vio y se imaginó cómo sería estar en tu lugar? ¿O te aferraste al cuento de hadas de otro?


Escuché que anhelás tanto desaparecer, que empezás a disolverte en la esencia misma que te forma, volviéndote inalcanzable para todos.


En este frío y sombrío torrente, tu alma expuesta al efímero destino, busca alguna única razón para continuar.


Escuché que odias con tu alma pero protegés con tu corazón. Ese mismo corazón que cien veces te vi mostrar con facilidad, dispuesto a abrigar al desamparado.


Cuando las sombras murmuran y el futuro llama con voz ronca, ¿quién se detiene a escuchar?


Cuando leas esto, intentá regresar al momento en que tu esperanza estaba viva y la posibilidad de un nuevo día encendía tu espíritu.


Y cuando llegues allí, también te pido que des ese salto de fe que lo cambia todo. El que te parece ridículo de dar. Sí, ese por el que te llamarán ridículo y cuestionarán tu cordura.


Porque en ese salto, en ese acto de valentía, se encuentra la posibilidad de encontrarte con tus verdaderos deseos, con los sueños que aún aguardan ser descubiertos.


Y espero, sobre todo, que si lográs sobrevivir, sea la mejor de las peores decisiones que hayas tomado.


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