Un lobo suelto

Somos corderitos. Seguir al rebaño está en nuestros genes.

Esto pasó de verdad. Lo cuenta Cialdini en Influencia.

Una mañana, cientos de personas se amontonaron frente a un banco en Estambul para retirar todo su dinero. Los empleados no entendían qué estaba pasando. Llamaron a la policía y nada; llamaron a la prensa y, tampoco. Nadie sabía qué ocurría, pero el banco terminó cerrando justo antes de entrar en quiebra.

Durante mucho tiempo el motivo fue un misterio, hasta que unos investigadores entrevistaron a los clientes.

Resultó que esa mañana varias líneas de colectivos estaban de paro. La gente se agolpaba en las pocas paradas donde el micro sí pasaba. Como la que estaba justo enfrente del banco. La fila era tan larga que rodeaba el edificio y pasaba por su puerta, así que quienes caminaban por allí veían la cola y sacaban sus propias conclusiones… 

¿Habrá quebrado?
¿Pasó algo que no sé?

Entraron en pánico, formaron su propia cola, atrajeron a más personas generando más y más pánico… hasta que todo se fue al demonio.

Nadie se detuvo un segundo a preguntarse por qué estaba haciendo lo que estaba haciendo. Nadie consideró que los de adelante tampoco sabían nada y que también estaban copiando a alguien.

“Cuando las personas son libres de hacer lo que les plazca, normalmente se imitan unas a otras.” Eric Hoffer

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Después de los doce años, apenas aprendí a tocar la guitarra, pasaba días enteros en la casa de mi amigo Alejandro Medina, hijo de uno de los músicos de la mítica Manal.

En esa casa se respiraba arte. Pintores, escultores, poetas y músicos iban y venían todo el tiempo. Y entre todos ellos, tuve la suerte de compartir miles de horas con una de las bandas más disruptivas y rebeldes toda de la historia argentina.

Su cantante era diferente. Un jugador de otra liga. Un lobo suelto y sarpado.

Alguien que jamás se habría puesto en la fila del banco sólo porque todos los demás lo hacían.

Son las cuatro de la mañana y, devastado, me duermo escuchando su legado.


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